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¿Vuelve la maldición del central al Real Madrid?

ÁLVARO GONZÁLEZ. 27/05/2013 Tras los graves errores de Pepe y Albiol en los partidos clave de la temporada, en el Bernabeu vuelve a escucharse la eterna canción de la maldición del central blanco

MADRID. Es difícil encontrar la vía de agua más importante en el naufragio del Real Madrid esta temporada. Hay varias y caudalosas. El vestuario, a todas luces, ha sido una. Quizá haya hecho mella en la liga, el torneo de la regularidad. Pero el equipo ha logrado plantarse en las citas clave de la temporada, las semifinales de Champions y la final de la Copa del Rey. En ambos lances, tanto Ozil como Higuaín, tanto monta, monta tanto, malograron ocasiones claras. Algo que es como el valor en la mili, a los delanteros de este equipo esos goles en ocasión manifiesta se les presuponen. Lo que se les exige es que se inventen otros tantos. El alemán y el argentino no enchufaron ni las facilitas. Pero hubo otra vía de agua nada desdeñable precisamente. La línea defensiva. Mentarla, en Madrid, produce escalofríos. Porque hablamos de una maldición bíblica que va ya para treinta años.

Dos. Fueron dos. Dos giros de trescientos sesenta grados dio Albiol mientras Falcao asistía a Diego Costa para que empatase la final de Copa del Rey. Y luego el gol de la victoria llegó de córner. No hay más preguntas señoría. 

¿Y Pepe? En el partido más importante del año, la ida en Dortmund, en el primero que hizo Lewandowski el polaco le ganó la espalda y remató a lo Julito Salinas. En el momento del centro estaban abrazaditos. No la enchufó de forma casual, porque le cayó ahí. En el segundo, Pepe estaba solo dentro del área, dando saltitos, cuando el polaco remató sólo pudo pedir el fuera de juego al linier. Y por si quedaban dudas de su actuación, el tercero lo metieron en su cara. Lewandowski chutó por toda la escuadra delante de sus narices.

Pues con Pepe parecía que por fin había estabilidad con el tema del central. Al margen de sus acciones violentas, que hacen que luego los niños asiáticos de bien no quieran comprar camisetas de Cristiano Ronaldo, o las expulsiones, como la del famoso partido de Champions contra el Barcelona. Pero no. Sus últimos fallos en momentos clave y su posible salida vuelven a poner de manifiesto en Madrid un tema pavoroso; un asunto que ha dado unos disgustos horripilantes: la maldición del central (violines)

Uli StielikeTodo comenzó cuando Uli Stielike empezó a tener problemas físicos y llegó el holandés Metgod. Se lo trajeron a Di Stefano contra su voluntad en el 82 y no dio la talla. Se dice que en los entrenamientos sus compañeros apostaban a ver cuántos caños le tiraban. Curiosamente, luego en el Nottingham Forest le pusieron de centrocampista y triunfó. Algo parecido a lo que le ocurrió también en Inglaterra casi veinte años después a otro central maldito: Iván Campo. Y para más conjuro maligno, la plaza de extranjero de Metgod la ocupó Jorge Alberto Francisco Valdano Castellanos, que ha dado que hablar en este club. Casi más de lo que ha platicado él, que no es poco. Por cierto, que el holandés llegó con un lateral derecho, Juan José ‘Sandokán', al que habrán visto ustedes mil veces comerse el palo cuando marcó Maradona en el Bernabeu. En la actualidad, es mecánico con un contrato de trabajo temporal.

Luego llegó Antonio Maceda, central internacional procedente del Sporting de Gijón. Se lesiono dos veces en la rodilla. De tal modo que a finales de los ochenta se retiró para, literalmente, no quedarse cojo para toda la vida y solicitó y ganó una pensión de invalidez. En su lugar llegó Tendillo. Estuvo seis temporadas, cuatro de ellas mirando desde la grada. JB Toshack, Radomir Antic, Leo Beenhakker y Benito Floro pasaron de él. Marchó al Real Burgos a recibir rojas directas estrenando la norma del último defensor.

El argentino Óscar Ruggeri fue el siguiente. Jugó bastantes partidos en la única temporada que estuvo en el equipo, que fue la del récord de goles de Toshack. Pero el galés no contaba con él y se encargó a una de las joyas de la corona: Predag Spasic. Y por si en la pretemporada alguien hubiese hecho saltar las alarmas con el catálogo del yugoslavo, Ruggeri vino de Mundial de Italia hecho un cristo lesionado.

Fernando Hierro y Óscar Ruggeri

La fe en Spasic, natural de Kragujevac, Serbia, no le duró mucho a Toshack. En octubre ya lo sentó porque no se adaptaba a su sistema, dijo. Luego se comentó que  después llegó a ponerlo de titular para que le echaran e indemnizaran como a él le gusta y tan bien sabe hacer. Pero en el tema defensivo, lo cierto es que Spasic se convirtió en un hazmerreír como pocos se han visto. Coronado todo ello con su gol de cabeza en el Nou Camp en propia puerta. Y ese centro fue de Nando, lateral que también fichó después el club blanco después con sonrojantes resultados. A Spasic, encima, su seleccionador Ivica Osim, le dijo que desde que fichó por el Madrid se había vuelto un "divo". Con un diastema por el que podría pasar una radial del AVE, pero un divo.

El yugoslavo, que luego fue a Osasuna, marcó el cambio de ciclo, como le gusta decir a los medios. Pero la llegada posterior de Ricardo Rocha, habría supuesto entonces la consolidación.  Es decir, de la tragedia a la tragicomedia. El brasileño lo dio todo por el Madrid, hasta llegó a jugar un día que su mujer había sufrido un aborto. Pero no funcionó. Enchufó goles en propia puerta como nadie lo ha hecho. Uno, contra el Torino en Italia, por toda la escuadra. Era un pase de Lentini que iba a enchufar sí o sí Casagrande. Tenía un pequeño pase. El que no lo tuvo fue el que hizo en Riazor. Bebeto centró al área, Aldana estaba en fuera de juego, lo marcó el linier pero Rocha estiró el cuello y cabeceó a la red como un killer del área -luego Pepe 16 años después emuló al maestro rematando en propia puerta en el mismo escenario un centro de Filipe Luis-, ese gol salido de la nada que puso en órbita al Superdepor. De todas formas, la leyenda no tendría ribetes dorados sin el gol de Tenerife. Jugándose una liga, recibir en el área pequeña, pararla, templar y despejar con el cuerpo orientado hacia la banda y que el balón salga directo hacia la Meca, fue impagable. El Barça casi devuelve la Liga por pena. Porque con las risas ya sentían que habían ganado suficiente.

Después, hubo cierta estabilidad, o dignidad, con Rafael Alkorta. Aunque Romario marcó las diferencias entre un equipo grande y uno trotón en treinta centímetros. En realidad, la verdadera estabilidad se alcanzó bajando a Fernando Hierro. Con el malagueño en el eje de la zaga llegaron los años de gloria de este equipo en la era contemporánea. Aunque es preciso señalar que Fernando Sanz, hijo del entonces presidente y especialista en juegos de naipes, resultó clave. Al menos, para conseguir la séptima. Hizo una buena semifinal hasta que en el partido contra la Juventus ya reaparecieron Sanchís y Hierro juntos. Una pareja católica y de derechas. Un título histórico. 

A partir de ahí, de nuevo el horror. Aunque Hierro sostuvo el equipo atrás por lo civil o lo criminal, a Karanka le falló el corazón. A Iván Campo se le suicidó el psiquiatra. Julio César, que vino del Valladolid, tampoco dio la talla. Hubo que recurrir otra vez al viejo truco. Bajar un centrocampista. Fue el caso de Helguera y parcheó el asunto durante unos años en que el puesto lo rondaba gente como Pavón, un pobre chico que el año pasado estaba en el paro y tuvo el noble gesto de renunciar a la prestación. Johnattan Woodgatte, que vino con el culo roto, literalmente, una grave lesión en el recto que, sumado a que dejó un balance de tres temporadas, nueve partidos jugados y dos autogoles, hizo recordar con gran cariño la jugarreta del central argentino Gabriel Milito, que fue rechazado en el reconocimiento médico. Sus números, sin embargo, después de la bromita fueron de casi doscientos partidos con Zaragoza y Barcelona, campeón de Copa del Rey con los maños metiéndole seis al Madrid con él en el campo en La Romareda y ese galardón menor que es ser campeón de Europa con el Barça.

Y la cosa no quedó ahí. También llegó Walter Samuel, odiado, tal vez injustamente, con verdadera inquina por la crítica especializada. Decían que era muy lento, pero eso es porque no habían visto a Metzelder, el que vino después. El balón de oro no estuvo del todo mal, pero tampoco fue la bomba, Fabio Cannavaro. El suyo fue un papel de salvar los muebles, como ha hecho Ricardo Carvalho, mientras se apostaba por gente que no valía como Ezequiel Garay, felizmente casado de blanco, cual novia, con Tamara Gorro, de ‘Mujeres, Homres y viceversa'. O el ínclito Albiol.

Con Pepe y Varane, un descubrimiento este francés que por ahora resulta esperanzador, el camino a la décima parecía medianamente despejado pero el portugués y brasileiro tuvo en Dortmund la peor actuación de su vida. Si se marcha, su sustitución va a tener morbo. Igual habría que ir pensando en dejar que esa posición la cubran las COES o los GEOS.

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2 comentarios

PETER escribió
29/05/2013 14:01

Seria bueno tambien hacer algun comentario del otro central del madrid, Sergio Gramos, que entre expulsion y tocada de cojones al entrenador de turno, deja siempre algun penalti en los partidos importantes (Salgado style). De como Diego Costa se le va en el gol citado al criticar a Albiol, mientras Ramos le mira irse con nostalgia, podriamos hacer un video juntandolo al de Nevdev escapandose a camara lenta de Hierro en una semifinal de champions que le condeno junto con Delbowsquy. Al checo le dieron un balon de oro.

luis. escribió
28/05/2013 13:17

Cachondos, la lesión en el recto de Woody no era en el ojete, era en el recto anterior (en la pierna, vaya)

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